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Archive for the 'pueblétaro' Category

Ding ¿Dong?

Sábado, Mayo 19th, 2007

aguas con el perroNo hay nada más desagradable en este mundo que la gente estúpidamente feliz.Los que llegan a clase a las 6:45 a.m. y además, dicen que el día está muy lindo. Los que trabajan en la oficina sábado y domingo con una sonrisa. Los que dan un pésame asegurándote que el que murió ya está en mejor vida, como si ellos hubieran regresado de la muerte. Es más, físicamente la felicidad absoluta es desagradable cuando un hombre es muy expresivo y sonríe ampliamente con dientes verdosos o negri-beige.

Esos son los cheerleaders de la vida. Dame una N, dame una O, qué dice? NO friegues.

Hasta la felicidad tiene límites en la paciencia de los demás.

No me malinterpreten, me gusta ver a la gente feliz, pero no en exceso. No diario. No en malas circunstancias. Uno puede ser irónico y eso no es ser feliz, es tener sentido del humor, que es muy diferente.

La amargura genera más lazos con gente con la que compartimos el disgusto, como las señoras que se ríen de sus ex-esposos en un café.

Eso es Terapia Grupal.

No tengo cifras, pero yo creo que el Club de los Optimistas tiene un 80% menos de participantes que los millones de anónimos que odiamos a Ricardo Arjona.

Lilí Ledi.

Jueves, Mayo 17th, 2007

todos contra todos
Tenía 4 años, 2 hermanos y 7 primos cuando llegamos a vivir a Querétaro.

Mis papás no conocían a nadie y tampoco querían regresar al D.F. Así que todos los fines de semana (sin excepción) estuvimos en el rancho.

Ahí fue donde me volví una mini Rosa Salvaje. Jugábamos guerritas de lodo, de cacas de vaca, y sólo una vez, de granizo. Brincábamos bardas o charcos, jugábamos coleadas en patines y también chinche-al-agua-arriba-voy; nos mojábamos con agua helada. Hacíamos clubs en los árboles, en la azotea o en cualquier lugar y la única regla de todo era “El que se lleva, se aguanta”, así que también aprendí a no llorar.

En nuestros ratos libres de salvajadas, éramos víctimas de la fiebre de Star Wars. Mi mamá de repente me regalaba juegos de té, muñecas que -en esa época- no sabían ni hacer pipí o estuches de maquillaje.

Nada se comparaba con El Halcón Milenario.

Estaba convencida de que los que hacían los juguetes, eran hombres que odiaban a las niñas, así que hacían juguetes feos y aburridos para ellas y se dedicaban a hacer cosas increíbles para ellos. Así que los peluches de pitufos, los Cabbage Patch y los Ositos Cariñositos, entre otros, eran para mí cursilerías aburridísimas.

Luego dejamos de ir al rancho.

Y ahora ya me compro mis estuches de maquillaje y lloro por “nomás porque sí”. Ahora, veo películas melosas y digo cosas bastante cursis. Ahora todo me da miedo: una cucaracha, partirme el brazo si me caigo de las escaleras, y sobre todo, el dentista.

Estoy segura que si me pasara lo que a Bruce Willis en esa película de “Mi encuentro conmigo”, vería a una niña con pestañas largas, peinada de trenzas, pantalones rotos, unos mini patines y me daría una buena lección sólo diciéndome: Qué te pasó? Eres Lilí Ledi!