Lilà Ledi.
Jueves, Mayo 17th, 2007
TenÃa 4 años, 2 hermanos y 7 primos cuando llegamos a vivir a Querétaro.
Mis papás no conocÃan a nadie y tampoco querÃan regresar al D.F. Asà que todos los fines de semana (sin excepción) estuvimos en el rancho.
Ahà fue donde me volvà una mini Rosa Salvaje. Jugábamos guerritas de lodo, de cacas de vaca, y sólo una vez, de granizo. Brincábamos bardas o charcos, jugábamos coleadas en patines y también chinche-al-agua-arriba-voy; nos mojábamos con agua helada. HacÃamos clubs en los árboles, en la azotea o en cualquier lugar y la única regla de todo era “El que se lleva, se aguanta”, asà que también aprendà a no llorar.
En nuestros ratos libres de salvajadas, éramos vÃctimas de la fiebre de Star Wars. Mi mamá de repente me regalaba juegos de té, muñecas que -en esa época- no sabÃan ni hacer pipà o estuches de maquillaje.
Nada se comparaba con El Halcón Milenario.
Estaba convencida de que los que hacÃan los juguetes, eran hombres que odiaban a las niñas, asà que hacÃan juguetes feos y aburridos para ellas y se dedicaban a hacer cosas increÃbles para ellos. Asà que los peluches de pitufos, los Cabbage Patch y los Ositos Cariñositos, entre otros, eran para mà cursilerÃas aburridÃsimas.
Luego dejamos de ir al rancho.
Y ahora ya me compro mis estuches de maquillaje y lloro por “nomás porque sÔ. Ahora, veo pelÃculas melosas y digo cosas bastante cursis. Ahora todo me da miedo: una cucaracha, partirme el brazo si me caigo de las escaleras, y sobre todo, el dentista.
Estoy segura que si me pasara lo que a Bruce Willis en esa pelÃcula de “Mi encuentro conmigo”, verÃa a una niña con pestañas largas, peinada de trenzas, pantalones rotos, unos mini patines y me darÃa una buena lección sólo diciéndome: Qué te pasó? Eres Lilà Ledi!
