Antes de morir, voy a ver en cámara lenta mi vida: patinar en el rancho, mis pies llenos de varicela a los 4, la vez que me partió la boca el borrego, los coscorrones de mi papá, los dulces de pitaya de mi mamá, mi abuela medio jarra llorando por mi abuelo muerto hace 30 años, mis 18 tomando tequila en el mirador, la primera vez que vi al agronovio en la biblioteca, mis 20 en Real de 14, mi primer día de vivir en el DF, el último, cada día del viaje, ese día que me dio el anillo PP en el pueblito hippie de Pai, llegar a la cima de los Anapurnas, que me subieran de clase en el avión y definitivamente, la cara que puso la Rukis cuando me abrió la puerta.
Llevábamos 5 meses de no vernos. Lo último que sabía de mí es que regresaba con anillo de compromiso. Así que cuando vio el arete y no me vio embarazada, suspiró de alivio, pero 5 segundos después, el arete en la ceja le empezó a molestar.
En ésta, mi última foto en Nepal, pueden observarse varias cosas: los collares y flores de la buena suerte que me dio mi amigo Progress, tika en la frente, la bufanda tutifruti, obvio que el arete en la ceja, otro arete en la oreja, el pelo no se nota, pero también venía fatal así que ya no me quitaba la banda café de la cabeza para disimular el color, los ojos siempre me salen uno más grande que otro en las fotos, por eso Tania siempre dice que parezco Dulce cantando “sácame a bailar” cuando hay una cámara de por medio. Me tapizaba los ojos de un delineador super chido y ya para acabar, chequen la manita de la Chikis que delata que también traíamos las manos llenas de henna.
Ese regreso a México, a mi nueva-vieja vida, fue algo increíble. Apenas nos subimos al avión, empezó a atardecer. Una vez arriba, las nubes y los Himalayas hicieron un espectáculo asombroso, los colores, la magnificencia del lugar. Wow, era maravilloso y no sólo para mí, porque mientras algunos lloraban al ver la escena, la mayoría del avión se puso a aplaudir, sí a aplaudir, cada quien a quien creía más conveniente: a la naturaleza, a Dios, a Buda, o a la maldita buena suerte que nos hizo compartir ese vuelo Nepal- London H.
Lo importante no es cómo me fui, sino cómo regresé.